Mujeres constructoras de paz: gran poder para el cambio

 

 

Ser mujer con derechos reconocidos en Colombia y en el mundo es toda una tarea de transformación profunda. Las mismas Naciones Unidas han tenido que realizar conferencias internacionalmente, en busca de tal reconocimiento. Surgen entonces preguntas alrededor del porqué, ¿qué hace tan difícil este reconocimiento? ¿por qué tanto debate al respecto?

Las respuestas pueden ser múltiples; más que darlas aquí, queremos invitar a todas las personas que hacen parte de la Redprodepaz a que las busquemos. ¿Qué hace y ha hecho tan difícil reconocer los derechos a la ciudadanía completa de las mujeres en el mundo?

 

Como parte de este proceso, la Redprodepaz, junto con CIASE y Forpaz, han desarrollado un corto pero intenso proyecto indagando qué es una mujer constructora de paz dentro de la Red. ¿Las vemos? ¿conocemos qué hacen? ¿somos conscientes de cómo lo hacen?

 

“Mujeres constructoras de paz” es una forma de nombrar a muchas mujeres que día a día ponen un grano de arena desde su trabajo cotidiano, su trabajo comunitario, su participación política, desde sus miradas particulares, desde sus vivencias y emociones, desde su razón, por construir un mundo justo, equitativo e incluyente. Son cemento poderoso para el tejido social, y al mismo tiempo aceite para el cambio cultural.

Pueden defender a sus hijos e hijas con ahínco, de situaciones de riesgo, y al mismo tiempo propender por que a ellos y a ellas y a su descendencia se les reconozcan sus derechos plenos. Pueden ser firmes en convicciones, y al mismo tiempo construir puentes con la otredad. Visibilizar a las mujeres constructoras de paz, entender y aprender de sus prácticas, le permite a la sociedad ver a un actor social con gran poder para el cambio. 

 

En el mundo hoy en día se reconoce a las mujeres constructoras de paz. Su voz es escuchada por las personas que definen las políticas a nivel global y cada vez se insta más para que los gobiernos nacionales y los locales tengan en cuenta a las mujeres desde su lugar situado. 

 

Ahora bien, no hablamos de todas las mujeres. No todas son constructoras de paz; pero quienes lo son, muchas veces ni siquiera saben que lo son. Hacen lo que hacen por múltiples razones. Por que sienten que su familia o comunidad está en peligro, porque no toleran las injusticias, porque han vivido dolores muy fuertes causado por conflictos y violencias y más allá de reivindicar sus derechos como víctimas, se convierten en agente de construcción de paz.

 

Sin embargo, muchas veces su labor es naturalizada y poco valorada. Pasa lo mismo que con el trabajo del cuidado en el hogar. Como se naturaliza, no se valora. De ahí la frase famosa: “¿y su mamá que hace? Nada, ella está en la casa”.

 

Ver, entender, promover, analizar, reconocer la labor de las mujeres en la construcción de paz es un desafío para todas las sociedades, sencillamente porque va de la mano de un profundo cambio de percepción de la realidad. 

 

Cuando hablamos de democracia desde las miradas de las mujeres que organizadamente pedimos que se amplíe y que decimos que la democracia sin mujeres no va, estamos afirmando que la democracia al igual que la economía acumula poder en unos pocos y desempodera a la gran mayoría.

 

Estamos hablando de un cambio de paradigma del poder. Estamos trabajando por que la democracia no sea la acumulación de poder y privilegios sino la distribución y cambio de sentido de los mismos.

 

Cuando se pide a un hombre que participe en las tareas de la casa, no se le quita poder: se distribuyen los privilegios y se hace del hogar un lugar democrático para todas y todos. Sin embargo, el cuidado ya existía antes de que él llegara ya se hacía la labor. Lo mismo pasa con las mujeres constructoras de paz. Ya hacen su labor; solo falta verlo, reconocerlo, compartirlo y respetarlo. Ya existe, ya es.

 

La Redprodepaz se ha propuesto en su plan estratégico que se logre un salto importante en este reconocimiento a las mujeres como actoras sociales, como constructoras de paz; ver los riesgos que viven; que la Red sea capaz de adaptar nuevas formas de análisis que enriquezcan su labor.

 

Este año se conmemoran los 20 años de la promulgación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que reconoce el efecto desproporcionado en los conflictos armados hacia mujeres y niñas. Esta resolución, y otras conexas, ocho en total, muestran un marco normativo internacional que nos permite ver cuán lejos estamos aún de reconocer los derechos y contribuciones de las mujeres a la paz.

 

Allí son nombradas como constructoras de paz por primera vez. Esta Resolución es conocida como la de las “P”: Protección, Prevención, Participación, Promoción, en el marco de los conflictos; y la prevención de estos en los acuerdos de paz, tanto en las negociaciones como en la implementación.

 

Como ejercicio responsable de participación, nuestros PDP deben verse hacia adentro y decir ¿cómo reconocemos y potenciamos la labor de las mujeres? ¿lo estamos haciendo? ¿estamos transformando las condiciones para ver, entender, promover, proteger y garantizar su labor?

 

Finalmente, quiero hacer un llamado a todos los hombres de la Red. No se sientan en peligro cuando hablamos de cambios y visibilización de las mujeres. Hablamos de mejores formas de vida para todos y todas. Hablamos de abrir hacia ustedes puertas desconocidas de afecto y emoción que les han sido negadas durante casi toda su vida.

 

Estamos hablando de llenar con nuevos contenidos el quehacer humano, sin discriminaciones. No hay que temer, hay que avanzar en un mundo justo, incluyente, poderoso en la diversidad y la diferencia. Para ello, como Red somos diálogo y somos construcción de paz en la diferencia.